Retomar el rol de mentora después de varios años ha sido una experiencia muy especial para mí. En Suecia, ser mentora también tiene un poco de “lotería”, porque depende mucho del colegio. Hay centros donde no te asignan este rol, o donde incluso tienen como criterio que solo puedes ser mentora de un grupo si les das clase directamente. En mi caso, durante mi tiempo en Malmö y luego en IES Solna, no me tocó ejercerlo, así que este año ha sido como volver a conectar con una parte de mi trabajo que tenía en pausa.
Y la verdad es que, aunque es una gran responsabilidad, también es una de las partes más significativas de mi labor como docente. Ser mentora no es solo hacer seguimiento académico. Es convertirse, en muchos casos, en ese lugar seguro que nuestros estudiantes necesitan. Es acompañarlos, guiarlos, ayudarles a ver el camino hacia el éxito académico y, sobre todo, darles ese pequeño empuje que muchas veces marca la diferencia.
Dentro de este rol hay un momento clave: la reunión con padres o apoderados.
Lo que más me ha llamado la atención en Suecia es el enfoque que se le da a estas reuniones. Están pensadas como un espacio de colaboración real entre tres actores fundamentales: el docente, el estudiante y la familia. La conversación se basa en criterios claros que permiten entender de manera objetiva el proceso del estudiante. Se habla del nivel en relación con los objetivos, de la comprensión de los contenidos, de cómo el estudiante se expresa tanto de forma oral como escrita, de su participación, su responsabilidad, su progreso en el tiempo y también de las dificultades o factores que pueden estar influyendo en su aprendizaje.
Sin embargo, lo más valioso para mí es que el estudiante tiene un rol activo. Antes de la reunión, reflexiona sobre su propio proceso. Piensa en cómo se siente en la escuela, cuáles son sus fortalezas, en qué necesita mejorar, cómo le va con las tareas, qué asignaturas le resultan más fáciles o más difíciles, e incluso sobre su futuro académico
Esto cambia completamente la dinámica, porque la reunión deja de ser una conversación sobre el estudiante y se convierte en una conversación con el estudiante.
Desde mi experiencia, hay algunas diferencias que me parecen especialmente interesantes. Aquí el estudiante es protagonista de su aprendizaje y se le invita a reflexionar sobre su propio proceso de manera estructurada. La reunión tiene un enfoque claramente colaborativo: no se trata de señalar errores, sino de construir caminos de mejora entre todos. Además, el bienestar del estudiante también ocupa un lugar importante dentro de la conversación, no solo su rendimiento académico.
Debo decir que, hasta ahora, me he encontrado con padres muy respetuosos y abiertos al diálogo. Eso hace toda la diferencia. Cuando hay disposición para colaborar, todo fluye mejor y el estudiante realmente se beneficia.
Para mí, asumir este rol ha sido muy significativo. Me gusta poder acompañar a mis estudiantes más allá de la clase, ser ese punto de apoyo, ayudarlos a organizarse, motivarlos cuando lo necesitan y celebrar sus avances, por pequeños que sean. Ser mentora es, en esencia, creer en el potencial del estudiante incluso cuando él o ella todavía no lo ve completamente.
Trabajar en Suecia me ha mostrado que es posible tener una educación estructurada y, al mismo tiempo, profundamente humana. Que se puede combinar la exigencia académica con el bienestar emocional. Y que cuando escuela y familia trabajan juntas, los resultados no solo se ven en las calificaciones, sino también en la confianza y el desarrollo personal de los estudiantes
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He preparado este material como una traducción de los criterios que se utilizan aquí en Suecia para llevar a cabo las reuniones con acudientes. Estas reuniones siguen esta estructura y algo muy importante es que el estudiante siempre está presente, porque forma parte activa de la conversación y de su propio proceso.

Y para cerrar, me gustaría dejarte una pregunta que a mí me ha hecho pensar mucho en estos días:
¿si pudieras cambiar una cosa de la reunión con padres/acudientes en tu colegio, cuál sería?
A veces damos por sentadas muchas dinámicas simplemente porque “siempre se han hecho así”. Pero cuando paramos a reflexionar, nos damos cuenta de que estos espacios tienen un potencial enorme. No solo para informar, sino para construir, acompañar y realmente impactar el proceso del estudiante.
Quizás el cambio no tiene que ser algo grande. A veces basta con darle más voz al estudiante, cambiar el tono de la conversación o simplemente escuchar un poco más.
Porque al final, más allá del formato, lo importante es preguntarnos: ¿estamos realmente trabajando juntos por el bienestar y el aprendizaje de nuestros estudiantes?