Desde hace algunos años, en el colegio donde trabajo estamos implementando un sistema conocido en sueco como tvålärarskap, que podría traducirse como enseñanza compartida o docencia conjunta. Este modelo consiste en que dos profesores comparten la responsabilidad de un mismo grupo: planifican, enseñan, acompañan a los estudiantes y evalúan su progreso de manera conjunta.

Sin embargo, el tvålärarskap no significa simplemente tener a dos adultos dentro del salón. Para que realmente funcione, ambos docentes deben asumir un papel activo y trabajar con objetivos comunes. Como solemos decir en mi colegio: cuando solamente hay dos profesores, 1 + 1 = 2; pero cuando existe una verdadera enseñanza compartida, 1 + 1 puede llegar a ser 3.
¿Cómo funciona en nuestro colegio?
Aunque el grupo se divida durante determinadas actividades, los estudiantes deben sentir que pertenecen a una sola clase y que cuentan con dos profesores responsables de su aprendizaje.
Por eso, generalmente comenzamos y terminamos la lección juntos. También procuramos realizar una explicación inicial común antes de dividir a los estudiantes en grupos más pequeños, siempre que la actividad lo permita.
Dependiendo del objetivo de la clase y de las necesidades de los estudiantes, podemos trabajar de diferentes maneras:
- Un profesor dirige la explicación mientras el otro circula por el salón, resuelve dudas y acompaña a quienes necesitan ayuda.
- Dividimos la clase en dos grupos y cada profesor trabaja simultáneamente con uno de ellos.
- Organizamos estaciones de aprendizaje por las que van rotando los estudiantes.
- Un profesor trabaja con el grupo grande mientras el otro ofrece una explicación más individualizada a un grupo pequeño.
- Uno enseña mientras el otro observa algún aspecto concreto, como la participación, la dinámica del grupo o las necesidades de un estudiante.
- Ambos profesores dirigen la clase y participan activamente en las explicaciones, las preguntas y las conversaciones con los estudiantes.
Estas modalidades están inspiradas en las seis propuestas de enseñanza compartida presentadas por Marie Gilbertsson y Magdalena Lind en Tvålärarskap i praktiken (2023).
¿Qué ventajas he encontrado?
Mi experiencia con este sistema ha sido muy positiva. Una de sus principales ventajas es que los estudiantes pueden sentirse más vistos y escuchados. Mientras uno de los profesores dirige una actividad, el otro puede detectar rápidamente quién no ha comprendido las instrucciones, quién necesita otra explicación o quién todavía no se atreve a participar.
También nos permite dividir la clase en grupos más pequeños. Esto resulta especialmente útil en la enseñanza de idiomas, porque ofrece a los estudiantes más oportunidades para hablar, leer en voz alta y recibir retroalimentación directa.
Además, los alumnos pueden escuchar diferentes maneras de explicar un mismo contenido. Algunas veces, una explicación no es suficiente, pero escucharla de otra persona y desde otra perspectiva puede marcar una gran diferencia.
Entre los beneficios que he observado se encuentran:
- Más apoyo y tiempo para cada estudiante.
- Mayor tranquilidad y seguridad dentro del salón.
- Mejores oportunidades para adaptar la enseñanza.
- Más posibilidades de trabajar con grupos pequeños.
- Mayor continuidad cuando uno de los profesores está ausente.
- Una evaluación más amplia y justa, porque dos docentes observan el proceso del estudiante.
- Más apoyo para mantener un buen ambiente de trabajo.
Para nosotros, los profesores, también representa una oportunidad constante de aprendizaje. Podemos intercambiar ideas, observar otras formas de enseñar, compartir responsabilidades y reflexionar juntos sobre lo que funciona y lo que debemos mejorar.
Los retos de trabajar entre dos
Por supuesto, no todo ocurre automáticamente por el simple hecho de tener dos profesores en el aula. Este sistema exige planificación conjunta, comunicación y una distribución clara de las responsabilidades.
Es importante decidir quién prepara cada actividad, quién dirige determinados momentos y cómo vamos a intervenir ante las diferentes situaciones que puedan surgir. Al comienzo, también se necesita tiempo para conocer la manera de trabajar del otro profesor y aprender a interpretar su comunicación, incluso la no verbal.
Otro reto es evitar que uno de los docentes quede permanentemente en el papel de asistente. Ambos deben tener la oportunidad de enseñar, tomar decisiones y participar activamente. Las funciones pueden cambiar según la actividad, pero los estudiantes deben reconocer a los dos como sus profesores.
También es fundamental presentarnos como un equipo. Si tenemos opiniones diferentes sobre una situación, debemos conversarlo y buscar una respuesta común.

Una experiencia que vale la pena
En mi caso, trabajar con otro profesor ha enriquecido mucho mi práctica docente. No solamente siento que podemos acompañar mejor a los estudiantes, sino que también me permite aprender continuamente de un colega y no llevar sola toda la responsabilidad del grupo.
Cuando existe una buena comunicación y ambos profesores comprenden que comparten la responsabilidad de la enseñanza, el tvålärarskap puede convertirse en una herramienta muy valiosa para crear clases más flexibles, inclusivas y dinámicas.
Me parece muy interesante conocer cómo se implementa este sistema en otros colegios. ¿Has trabajado alguna vez con otro profesor dentro del mismo salón? ¿Cómo se distribuyen las responsabilidades en tu colegio? ¿Cuáles han sido las principales ventajas y los mayores retos de tu experiencia?
