Confieso algo: la idea inicial no era hacer una actividad sobre inteligencia artificial.
En Year 7 estamos trabajando los verbos de rutina diaria y la hora.
Un contenido clásico en cualquier curso inicial de español:
- Me levanto.
- Desayuno.
- Voy al colegio.
- Hago mis deberes.
- Me acuesto.
Y, por supuesto:
- A las siete.
- A las siete y media.
- A las ocho menos cuarto.

Quería hacer algo dinámico y cercano a su realidad, así que propuse una actividad estilo GRWM (Get Ready With Me), tan popular en redes sociales.
La consigna era sencilla:
Crear un video corto mostrando su rutina diaria, diciendo qué hacen y a qué hora.
Nada revolucionario.
O eso pensé.
Cuando la innovación surge desde el alumnado
— ¿Podemos usar Canva?
— ¿Podemos hacerlo en PowerPoint?
— ¿Podemos hacer un video tipo influencer?
Por supuesto, les dije que sí.
Muchos eligieron trabajar con Canva. Pero lo que realmente elevó la actividad fue otro detalle inesperado:
Los audios no fueron simplemente grabados.
Varios estudiantes decidieron generar sus voces utilizando herramientas de inteligencia artificial. Escribían el texto, lo revisaban cuidadosamente y luego utilizaban IA para producir la narración.
Después ajustaban velocidad, entonación y sincronización con el video.
El nivel de compromiso fue impresionante.
IA con intención pedagógica
No se trató de usar inteligencia artificial como atajo.
Para que el audio generado funcionara correctamente, tuvieron que:
- Escribir correctamente el guion.
- Revisar verbos y concordancia.
- Comprobar la forma correcta de decir la hora.
- Escuchar críticamente el resultado.
- Ajustar si algo no sonaba natural.
- Sincronizar audio e imagen.
La IA no reemplazó el aprendizaje.
Lo potenció.
Y esto, para mí, es la clave.
Lo que más me sorprendió
Más allá de la parte tecnológica, lo más valioso fue el proceso.
Vi estudiantes:
- Corrigiéndose la pronunciación entre ellos.
- Debatiendo cómo decir una hora correctamente.
- Enseñándose trucos de edición.
- Ajustando música de fondo según el momento del día.
- Celebrando los resultados finales en grupo.
Había concentración.
Había colaboración.
Había orgullo.
Y yo estaba profundamente orgullosa de ellos.
Ejemplo del proyecto:
Más que verbos y horas
Esta actividad terminó siendo mucho más que práctica gramatical.
Fue:
- Comunicación auténtica.
- Creatividad.
- Autonomía.
- Competencia digital.
- Uso consciente y crítico de inteligencia artificial.
- Trabajo colaborativo.
Cuando los estudiantes sienten que están creando algo “real”, el nivel de implicación cambia radicalmente.
Ya no están completando un ejercicio.
Están produciendo algo que tiene valor.
Instrucciones de la actividad (por si quieres probarla)

Lo que aprendí
Creemos que somos nosotros quienes decidimos cuándo y cómo entra la tecnología en el aula.
Pero muchas veces son nuestros estudiantes quienes nos muestran caminos.
Integrar IA en la clase de español no significa perder rigor.
No significa facilitar el aprendizaje.
No significa sustituir habilidades.
Significa enseñarles a usar la tecnología con criterio.
Y esta vez, fueron ellos quienes me lo recordaron.
Y ahora te pregunto…
¿Cómo estás integrando la inteligencia artificial en tus clases de español?
¿La prohíbes?
¿La regulas?
¿La exploras como herramienta pedagógica?
Me encantaría leer tu experiencia.
Porque si algo confirmé esta semana es esto:
